¿Le quito el móvil? ¿Le dejo salir? Consecuencias a las malas notas de tu hijo/a adolescente

Surfera, surfero… 🏄🏻‍♀️

Ya ha llegado el boletín.

Las notas son malas (o peores de lo esperado) y ahora estás ahí, con el papel en la mano o mirando la pantalla, pensando:

«¿Y ahora qué hago?»

«¿Le quito el móvil? ¿Le dejo salir este verano? ¿Le prohíbo los videojuegos? ¿O hago como si nada y espero a ver?»

Este es el momento exacto del que vamos a hablar hoy. Ese momento en que hay que decidir qué se hace. Y hay una diferencia enorme entre hacerlo bien y hacerlo desde las prisas, el agotamiento o la rabia acumulada de todo el curso.

Porque las consecuencias a las malas notas de tu hijo/a adolescente son necesarias y tienen sentido. Pero no todas las consecuencias funcionan igual.

 

Lo que dicen las madres (y los padres) en ese momento

 

En las mentorías, este momento tiene algo muy particular. Las frases que aparecen una y otra vez son bastante parecidas:

«Que se olvide este verano del móvil. No puede ser que no tenga consecuencias el no hacer nada durante el curso.»

«Ahora querrá pasarse todo el verano del sofá a la cama y con el móvil… pues no.»

«Si no es responsable para estudiar, no puede ser responsable para salir con los amigos.»

«No sé cómo voy a controlar las pantallas este verano… yo estaré trabajando y va a estar solo/a en casa todo el día sin hacer nada.»

¿Te suena alguna de estas? 🤭

Lo que hay detrás de todas ellas no es solo preocupación por las notas. Es agotamiento real.

Es la sensación de haber dado mucho durante el curso (recordatorios, conversaciones, peleas, noches de tensión) y no haber visto resultados.

Es rabia acumulada. Y es miedo a que el verano sea un agujero negro de pantallas y desmotivación del que tu hijo/a salga todavía peor en septiembre.

Todo eso tiene sentido. Todo eso es legítimo.

Y precisamente por eso merece la pena pararse un momento antes de actuar.

 

La diferencia entre un castigo y una consecuencia

 

Aquí está el núcleo de todo.

Un castigo es una respuesta al «mal comportamiento» cuyo objetivo principal es que el adolescente sufra o sienta que ha perdido algo. Va directo a dar «donde duele». Viene de la rabia o del miedo. Su mensaje implícito es: «Te hago daño para que aprendas.»

Una consecuencia es una respuesta al comportamiento cuyo objetivo es que el adolescente conecte sus decisiones con sus resultados. Viene de la claridad y la calma. Su mensaje es: «Tus decisiones tienen efectos y vamos a trabajar con esos efectos.»

Suenan parecido. A veces hasta implican lo mismo (quitar el móvil puede ser castigo o consecuencia dependiendo de cómo y por qué se hace). Pero no son lo mismo para nada. El aprendizaje que dejan es muy distinto.

Jane Nelsen, creadora de la Disciplina Positiva, resume la diferencia con una pregunta muy concreta: ¿esta medida está relacionada con el comportamiento en sí, es respetuosa y es razonable? Si las tres respuestas son sí, probablemente estás ante una consecuencia. Si alguna falla, probablemente estás ante un castigo.

¡Ojo! ⚠️ Esto no significa que haya que ser permisivo/a. Las malas notas tienen que tener respuesta… pero la cuestión es qué tipo de respuesta.

 

Desde dónde pones la consecuencia importa tanto o más que la consecuencia en sí

 

Aquí viene algo que pocas veces se dice:

La misma consecuencia, puesta desde la rabia o desde la calma, produce efectos completamente distintos.

Quitar el móvil en caliente, mientras estás activada/o, mientras le gritas que es un vago/a y que así no va a llegar a ningún sitio… no es lo mismo que sentarte con tu hijo/a al día siguiente, cuando ambos estáis más tranquilos y decirle: «Este verano vamos a hacer las cosas de forma diferente. El móvil va a tener un horario, porque necesitamos que el próximo curso sea distinto.»

El resultado externo puede ser idéntico (el móvil tiene un horario). El impacto en la relación y en el aprendizaje del adolescente es radicalmente diferente.

Daniel Siegel habla de la importancia de lo que él llama connect before you correct: conectar antes de corregir. No significa no corregir. Significa que la corrección llega mejor cuando el adolescente no está en modo defensivo, cuando siente que estás de su lado aunque las cosas hayan ido mal.

 

Entonces, ¿le quito el móvil o le dejo salir?

 

Vamos a lo concreto, que es lo que necesitas ahora mismo 😅.

 

Sobre el móvil y las pantallas:

Quitarle el móvil completamente durante todo el verano rara vez funciona como estrategia educativa. Genera resistencia, resentimiento y, cuando lo recupera, el efecto rebote suele ser peor.

Lo que sí funciona es establecer un marco claro de uso: horarios definidos, momentos sin pantalla, y vincularlo a compromisos concretos de cara a septiembre.

Por ejemplo: «Este verano el móvil es de X a Y. A partir de ahí, guardado. Cuando en septiembre veamos que vas cumpliendo con lo acordado, revisamos.»

Eso es una consecuencia lógica porque tiene relación directa con el problema, es respetuosa y es razonable.

 

Sobre salir con los amigos:

Aquí hay que ir con cuidado. Las relaciones sociales en la adolescencia no son un lujo: son una necesidad de desarrollo. Privar a un adolescente de su vida social de forma total tiene costes emocionales reales que después se pagan de otras formas.

Esto no significa que salir no tenga condiciones, sino que la condición tiene que estar relacionada con lo que ha pasado: «Puedes salir los fines de semana. Entre semana, hay un rato diario dedicado a repasar lo que viene en septiembre.» Eso puede ser proporcional. Quitarle toda la vida social porque ha sacado malas notas no lo es.

 

Sobre el verano en general:

El verano no tiene que ser ni un premio ni un castigo. Puede ser (y debería ser) un período de descanso real y también de recuperación gradual. Los adolescentes necesitan desconectar como cualquier adulto. Y un adolescente que llega a septiembre agotado, resentido y sin haber podido respirar no va a rendir mejor.

Lo que sí tiene sentido es estructurar el verano con acuerdos claros: qué se va a hacer para preparar septiembre, cuándo se descansa y cuándo se empieza esta preparación, cuánto tiempo, con qué apoyo… etc. No como castigo, sino como un plan.

 

Cómo tener esa conversación

 

El momento de hablar no es cuando acabas de ver las notas y estás activada/o. Eso ya lo vimos en el primer artículo de esta serie.

El momento de hablar es cuando ambos estáis relativamente tranquilos. Y la conversación no empieza con «hay que hablar de las notas» (modo alarma 🚨 para el adolescente 😅) sino con algo más parecido a «quiero entender qué ha pasado este curso».

Te dejo por aquí algunas preguntas que abren más que cierran:

  • ¿Qué crees tú que no ha funcionado este curso? ¿Y qué parte sí?
  • ¿Qué necesitarías para que el próximo curso fuera diferente?
  • ¿Hay algo en lo que yo pueda ayudarte?

No son preguntas retóricas, son preguntas abiertas que requieren escucha activa y real. Y lo que te cuente tu hijo/a en esa conversación vale más que cualquier consecuencia que puedas poner.

A partir de ahí, los acuerdos para el verano se construyen juntos/as, se co-crean, no se imponen. Porque los acuerdos construidos juntos tienen muchísimas más posibilidades de cumplirse que los decretos unilaterales 💚.

 

¿Y si estás sola gestionando todo esto?

 

Antes de despedirme quiero decirte una cosa más, porque sé que muchas madres están en esta situación:

Estás trabajando todo el verano. Tu hijo/a va a estar solo en casa. El miedo a que se pase el día en el sofá con el móvil sin hacer absolutamente nada es real y tiene fundamento…

En ese caso, la estructura y los acuerdos previos son todavía más importantes. No puedes estar encima todo el día (ni deberías), pero sí puedes establecer antes del verano qué se espera, cómo se va a comprobar y qué pasa si no se cumple. Eso requiere una conversación honesta y un acuerdo claro, no una lista de prohibiciones.

Y si sientes que sola no puedes sostener todo esto, que las conversaciones acaban siempre en tensión o que no sabes cómo construir esos acuerdos con tu hijo/a, acompañar ese proceso es exactamente para lo que estoy.

En el Método IMPULSA trabajamos tanto con el adolescente como con los padres y madres, porque los cambios reales ocurren en la relación, no solo en sesión.

 

Este artículo es el segundo de la serie especial sobre la entrega de notas de final de curso.

En el siguiente (y último) hablaremos de algo que va más allá del verano: qué hacer cuando las malas notas no son un accidente puntual sino una señal de algo más profundo. Desmotivación real, bloqueo emocional o, simplemente, un adolescente que necesita otro tipo de acompañamiento.

Nos vemos en el siguiente! 👋🏻.

 


¿Sientes que necesitas ayuda para gestionar este momento con tu hijo/a? En la mentoría inicial miramos juntos/as qué está pasando y qué puede funcionar para vuestra familia en particular.

¡Te mando un abrazote! 🤗

Elvi.