Las notas de tu hijo/a todavía no han llegado… pero tú ya sabes que van a ir mal
Surfera, surfero…
Estamos en época de exámenes finales. Y si estás pensando en cómo reaccionar ante las notas de tu hijo/a adolescente cuando lleguen… bienvenida/o a este artículo. Porque hay algo importante que pasa antes de que veas el boletín de notas.
Tu hijo/a está en casa. Aparentemente tranquilo/a. Con el móvil. Sin que parezca que está matándose a estudiar.
Y tú, mientras tanto, ya lo sabes:
«Va a suspender. No va a pasar de curso. Con lo poco que estudia… es imposible que salga bien.»
Las notas no han llegado todavía. Pero tú ya las has visto 🤭.
Y tiene todo el sentido del mundo. No es que seas catastrofista por naturaleza. Es que llevas meses (a veces todo el curso) viendo cómo va la cosa. El trimestre anterior quizá ya fue difícil. Has visto las actitudes, los ratos frente al móvil, las veces que intentaste hablar de los estudios y acabó en discusión…
Tienes datos. Tienes historia. Claro que anticipas.
La pregunta interesante no es si estás anticipando. Es qué estás anticipando exactamente. Porque si rascas un poco, debajo del «va a sacar malas notas» casi siempre hay algo más grande.
Lo que hay debajo del miedo a las malas notas
Cuando en una mentoría le pregunto a una madre o a un padre qué es lo que le preocupa de verdad de las notas de su hijo/a, la respuesta casi nunca es «las notas en sí».
Las notas son el síntoma visible. Debajo hay otra cosa.
A veces es miedo al futuro: «¿Y si no puede acceder a lo que quiere estudiar? ¿Y si esto cierra puertas que luego no se pueden abrir?»
A veces es miedo a estar fallando como madre o padre: «¿Y si no le he apoyado lo suficiente? ¿Y si debería haber hecho algo diferente?»
A veces es miedo a perder la conexión: «Cada vez que hablo de esto se cierra más. Cada conversación acaba en discusión. ¿Y si acabamos completamente desconectados?»
Y a veces (y esto es importante nombrarlo) es un miedo que viene de tu propia historia. De lo que a ti te pasó con los estudios. De las expectativas que tuvieron contigo. De lo que aprendiste que significaba «hacerlo bien» o «ser suficiente».
Porque nuestro cerebro no reacciona solo a lo que pasa hoy. Reacciona también desde todo lo que hemos vivido antes.
Cómo reaccionar ante las notas de tu hijo/a adolescente: por qué importa más de lo que crees
Aquí viene algo que quiero que te quede grabado.
Tu hijo/a no solo recibe las notas. Recibe tu reacción ante las notas.
Y esa reacción le dice muchas cosas. Sin palabras.
Le dice cómo de peligroso es equivocarse. Le dice si puede contar contigo cuando las cosas van mal. Le dice si su valor como persona depende o no de sus resultados académicos.
Carol Dweck, psicóloga de Stanford y creadora del concepto de mentalidad de crecimiento, lleva décadas documentando cómo la respuesta de los adultos significativos ante el fracaso condiciona la relación que los adolescentes construyen con el aprendizaje. Cuando la reacción es de miedo o decepción intensa, el mensaje que recibe el adolescente (aunque nadie lo diga en voz alta) es: los errores son peligrosos. Y eso genera más evitación, más desmotivación y más bloqueo.
No va tanto de que como adultos lo hagamos bien o mal. Sino de que estamos activados/as. Y cuando estamos activados/as, no elegimos: reaccionamos.
La diferencia entre reaccionar y responder
Daniel Siegel, psiquiatra y neurocientífico, habla mucho de esto en el contexto familiar.
Una reacción viene del sistema nervioso en alerta: es automática, urgente, impulsiva.
Una respuesta viene de un estado regulado: es consciente, tiene en cuenta el contexto y puede sostener la complejidad.
Ninguna madre ni ningún padre reacciona mal porque quiera. Reacciona mal porque está activado/a. El miedo ha tomado el mando antes de que haya tenido tiempo de elegir otra cosa.
Y ahí está la clave: no puedes controlar tu primera reacción emocional. Eso es biología. Pero sí puedes aprender a crear un espacio (aunque sea pequeño) entre lo que sientes y lo que haces con eso que sientes.
Ese espacio lo cambia todo 💚.
Entonces… ¿Qué hago con todo lo que siento?
Primero, reconocerlo. No hay nada malo en sentir miedo, en anticipar, en notar que algo no va bien. El problema no es que lo sientas. El problema es confundirlo con la realidad y actuar desde ahí antes de tener información real.
Antes de que lleguen las notas (o en el momento en que lleguen) hay una pregunta que puede ayudarte a frenar la reacción automática:
¿Lo que estoy sintiendo ahora mismo es proporcional a lo que está pasando realmente, o estoy reaccionando a algo más grande que las notas?
No es una pregunta para responder en dos segundos. Es una pregunta para sentarte con ella un momento.
Segundo, separar lo que es tuyo de lo que es de tu hijo/a. Parte de lo que sientes tiene que ver con él/ella. Y parte tiene que ver contigo: con tu historia, con tus miedos, con lo que aprendiste que significaba el éxito o el fracaso. Identificar qué es de quién no siempre requiere años de terapia 😅. «Solo» es hacerse la pregunta: ¿De dónde viene esto que estoy sintiendo?
Y tercero, regular antes de actuar. Si notas que estás activada/o: tensión, urgencia, ganas de decir algo ahora mismo… Ese no es el momento de hablar con tu hijo/a. El momento de hablar es cuando puedas hacerlo desde un lugar más calmado, no desde el miedo.
Que no significa ignorar lo que ha pasado ni no poner límites. Todo lo contrario: significa hacerlo desde la claridad. Y sobre cómo poner consecuencias reales sin que destruyan la conexión, eso es justo lo que vemos en el siguiente artículo de esta serie «Especial entrega de notas de final de curso»🏄🏻♀️.
Lo que viene después de las notas
Como te acabo de adelantar, este artículo es el primero de una serie especial sobre la entrega de notas del final de curso.
En el próximo artículo hablaremos de algo muy concreto que casi todas las madres y todos los padres se preguntan cuando llega el boletín:
¿Le quito el móvil? ¿Le dejo salir este verano? ¿Qué consecuencias pongo?
Porque hay una diferencia enorme entre una consecuencia que educa y un castigo que desconecta. Y en esa diferencia está, muchas veces, la clave de lo que pasa en los cursos siguientes y su relación con los estudios.
Nos vemos en el siguiente! 👋🏻
Y si sientes que esta época se te hace especialmente difícil, que las conversaciones sobre los estudios siempre acaban en tensión y no sabes cómo acompañar a tu hijo/a sin perder la conexión, en la mentoría inicial miramos la situación completa, entendemos qué está pasando y encontramos el camino que funciona para vuestra familia en particular.
¡Te mando un abrazote! 🤗
Elvi.